Pies negros

Me advierte un colega que el grupo de turistas franceses que debo atender son pieds-noirs. Me presento al chófer del grupo y lo primero que hace es susurrarme al oído: "Ils sont des pieds-noirs". Con mucha delicadeza inicia algunas frases que no termina, vacilando, dándome a entender. Le respondo que ok y sonrío. En realidad sé poco sobre los pieds-noirs. Las advertencias se agradecen y me crean un buen misterio hacia estas personas. Poco después hablando con ellos descubro que muchos son de ascendencia española, se apellidan Gómez, Jiménez... Una señora recuerda que su abuela hablaba ladino. Están felices por pasar unos días en España. Qué tremendo y qué misterioso, me parece apasionante.
Me reprocho ignorar los detalles de su historia, precisamente yo que soy aficionado a las convulsiones europeas del siglo XX. Me pregunto porqué los medios de comunicación españoles les han prestado tan poca atención, ni siquiera hacia el pequeño contingente que prefirió Alicante a Marsella. En España casi nadie sabe de sus peripecias. Sé vagamente sobre la Guerra de Argelia por las memorias de mi escritora favorita pero mejor olvidar por unas horas: Simone de Beauvoir se opuso con firmeza a la Guerra, luchó en favor de la descolonización. Muestro interés y ellos mismos me cuentan algo en brevísimas conversaciones en privado. "Lo que sucedió fue terrible, la guerra fue muy cruel. De hecho toda guerra lo es" me confiesa un señor apacible, de origen español aunque su aspecto físico lo denote menos que en otros del grupo. En el 62, tenía él 28 años. Sé también del resentimiento hacia los árabes, hacia el propio De Gaulle y hacia la izquierda francesa de la época. Está bien que me advirtiesen pero para aludir a esos temas tendría que haberme salido muy mucho del guión. Sí me fue útil para autorizarme alguna complicidad:
"El barrio de la catedral que vamos a visitar está bastante degradado, tengan un cierto cuidado con sus pertenencias."
-¿Hay muchos gitanos?
-Sí. Y paquistanís y magrebís.
(Entonces no me reí pero ahora sí me río de lo que dije...)
De regreso a casa me lanzo a buscar mayor información sobre mis amigos pieds-noirs. Hubo matanzas. Un millón de personas tuvieron que abandonar precipitadamente la colonia francesa bajo serias amenazas. Tuvieron que dejarlo todo: casas, negocios, pertenencias personales... Familias enteras, aterrorizadas, en los muelles esperando algún buque hacia la metrópolis. Una vez repatriados durmiendo como parias en las calles de Marsella, rechazados por sus conciudadanos, esperando alguna caridad oficial del gobierno que entendían les había traicionado. Les obligaron a abandonar su propio país, donde habían nacido ellos y sus padres, donde se habían instalado sus abuelos procedentes de Alsacia, Mahón y otros lugares de España y de Francia. Y con ellos los judíos sefarditas con presencia secular en la zona, mucho antes de la colonización de 1.830. En Orán la mitad de habitantes era europea. Alguien ha escrito que en aquella época era una ciudad bastante limpia y próspera, se parecía a ciudades de la otra orilla del Mediterráneo. Ahora está sucia y se parece a Kabul.