Thursday, May 03, 2007

Un día a la semana



Apenas ha vaciado el primer par de cervezas los ojitos le resplandecen y se mancha de ceniza el impoluto pantalón. Habla sin tregua, entrelazando comentarios chuscos y ocurrentes ironías, rescatando de pronto alguna palabra de la jerga rural manchega que lanza victorioso al aire desafiando a nuestros lugareños desdentados por la gula y el atroz farfulleo dialectal. No he conocido a nadie tan gracioso como Jota, con su voz tan peculiar, la voz del castratto que al roce con las puntas de un bigote excesivo enronquece virilizándose. Gracioso en su día libre semanal, cuando se autoriza a abandonarse un poco. El resto de la semana no se le ve el pelo, descansando o cocinando en la casita con huerto, el convento de las josefinas como le llamo yo y que comparte con el otro Jota, serio y huidizo, pulcro hasta la extenuación. Difícil de sorprenderle tras la tapia conventual pero cabe imaginarlo en constante trasiego por los pasadizos y estancias con escobas, mocho, salfumán, trapos, lejía... Brillará la herrumbre de la vieja cama matrimonial que mucho tiempo atrás dejó de ser de doble uso para lamentación de mi Jota. Qué se le va a hacer.

Tal como conté en el primer post del blog a Jota le gusta perderse por los antros más cutres del decadente casco antiguo. Cuando lo ven aparecer, alcohólicos y pedigüeños se muestran amistosos y hasta felices. El los invita a un vaso de vino o a una cerveza, a un cigarrillo tras otro. El sigue vaciando botellines, provocando sonrisas con sus ocurrencias, se mete con todos, conmigo, pero es fácil consentírselo, nos reímos todos. Durante la ida, al final de la mañana, me repite hasta la saciedad que regresará conmigo al pueblo al anochecer. Llegada la hora se disculpa. No te molesta que me quede ¿verdad? Por supuesto que no pero más de una vez he regresado preocupado por dejarlo en compañía de personajes excesivamente perdidos. A la mañana siguiente suelo aparecer por el bar del pueblo para comprobar si ha regresado ya y si lo ha hecho sano y salvo. Así lo hice esta misma mañana. Allí estaba, sentado en la barra, delante de una cerveza, tan gracioso como veinticuatro horas antes, cuando salimos. Le entregué el pollo entero, el hígado de cerdo y las dos cazuelas de los chinos que compró en la ciudad y dejó en mi coche. Me lo agradeció inventándose ante los presentes no sé qué historia sobre la pinga de un moro y yo...

Jota, en pleno abandono alcohólico, padece alguna reacción extraña, algún enfado inmotivado al que seguirá un pequeño ajuste de cuentas. Ayer, en uno de los antros y ante uno de los perdidos, se me ocurrió mencionar una aventura que él mismo me había contado y que le ocurrió en uno de esos apartamentos sucios y destartalados al que le invitan los perdidos para seguir bebiendo y fumando cuando los antros han cerrado ya sus puertas. Al parecer ese día había comprado cervezas y un pollo entero para cenar algo. En el apartamento había gas pero no había aceite y no se sabe muy bien con qué lo cocinaron, a él le pareció que con un poco de agua, el caso es que le sirvieron un pedazo de pollo muy asqueroso, según sus propias palabras. Por contar eso, Jota, que habla mucho más y sin tener en cuenta delante de quién, se molestó conmigo durante algunos minutos. Yo, sin dejar de reírme, le preguntaba una y otra vez que qué importancia tenía eso, no era más que una anécdota, ni siquiera yo sabía con quienes había ocurrido y el que nos escuchaba era un joven esquizofrénico, o sea un perdido entre los perdidos que estaba ahí sentado con nosotros por la cerveza y los cigarrillos y al que daba absolutamente igual la conversación.

El alcohol le permite a Jota evadirse por unas horas de la rutina, la cama demasiado ancha, el inenarrable patrón y de algunas cosas más. Y a mí, de rebote, me salva por un día del sopor provinciano. Pero temo por su hígado.

10 Comments:

Blogger Carlos Paredes Leví said...

Excelente, caballero. Me ha gustado mucho y no pude resistirme a leerlo un par de veces seguidas, a las que, a buen seguro, seguirá una tercera tras necesaria digestión.
Personajes singulares ejercen sobre nosotros la atracción de la diferencia y la personalidad bien asentada, aristas múltiples y singularidades recurrentes.
Un saludo.

1:02 pm  
Blogger Javier Luján said...

¿Y quién no es jota en algunos momentos? Todos tenemos nuestras ausencias, nuestras rutinas casi maniáticas y el sopor de un trabajo que nos esclaviza. Necesitamos de vez en cuando esos antros donde recuperar un poco la energía vital, ver el mundo desde una nueva perspectiva, aunque sea bañada de alcohol y de sórdidos compañeros de borrachera. El tal J me parece alguien muy humano.
Un saludo, Castor.

2:29 pm  
Blogger El Castor said...

Carlos, pues no estoy muy satisfecho del post, ando con poco tiempo libre, el trabajo me acapara las ideas.
Saludos, caballero.

8:06 pm  
Blogger El Castor said...

Capitán, en efecto es muy humano. Estos seres rotos por la vida lo aprecian. Jota vive con lo justo, sólo dispendia un poco ese día libre y, como ves, comparte.
Saludos.

8:17 pm  
Blogger Juan Pablo said...

me quedé con las ganas de la historia del Moro.
El post está muy bueno, no seas tan autoexigente, capo.

8:45 pm  
Blogger Alfredo said...

Conozco algún jota muy parecido a tu jota. Entrañable.

10:40 pm  
Blogger El Castor said...

Juampa, fue una pequeña maldad contra mí, le dio por insinuar algo que se estaba inventando en aquel mismo instante aunque los que lo oyeron se quedaron con la duda... Enfin, una bobada más para reírnos todos.
Saludos.

12:52 pm  
Blogger El Castor said...

Alfredo, yo me río muchísimo. Ya el trayecto de veinte minutos hasta la ciudad es descojonante porque en el pueblo ya se tomó las primeras cervezas. Le pregunto por los acontecimientos de la semana pero me vuelve loco porque intercala cosas que sucedieron hace veinte años y lo cuenta como si hubiesen ocurrido dos días atrás... Luego en el restaurante cuchichea sobre los de otras mesas pero en voz alta, como si no lo oyeran... Andando del restaurante a los antros a veces debo adelantarme y hacer como si no lo conociera, sobre todo si veo que vamos a cruzarnos con algún negro o alguna señora culona (vaya mortero! suele decir delante mismo de ellas...) Una vez en los antros ya da igual porque ya lo conocen. Pasa la tarde repartiendo besos, vasos de vino, cigarrillos, vaciando cervezas, metiéndose con todos pero con mucha gracia.
Saludos.

1:24 pm  
Anonymous Juan Pablo said...

Castooor, tu publico te aclamaaa

11:40 pm  
Blogger WALDE said...

Conozco quienes se parecen al personaje de tu relato... en definitiva es bien humano.
Un abrazo

3:18 am  

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