Wednesday, December 10, 2008

(V) - HELENA NAUDON (ficción)


"Ser joven es poseer toda la belleza del mundo". (JAROSLAV SEIFERT)

Grenoble (FRANCIA) - 1950

Se presentó a la cita con un ramo de flores y una cajita de bombones.
-No sabía si traerte una cosa o la otra -dijo él sonriendo antes de estamparle un beso en la mejilla.
Había reparado en ella por primera vez a través del cristal de la perfumería de la céntrica rue Hébert. Luego pasó con frecuencia por allí para detenerse unos minutos aunque le incomodaba mucho que algún conocido le sorprendiera mirando un escaparate repleto de productos de belleza para mujeres. Un día se decidió a entrar con la excusa de comprar un regalo para su madre. Finalmente un atardecer se atrevió a esperarla junto al portal a la hora del cierre y ella se alegró secretamente que diera ese último paso.

Hablaba francés con un marcado acento extraño. Le parecía graciosa su forma de pronunciar la e. Sentados en una cafetería, deseaba saberlo todo sobre ella.
- Vivo aquí con dos de mis hermanos. Llegamos hace unos seis años desde Checoslovaquia, huyendo de la guerra -dijo ella casi susurrando.
- Mis abuelos paternos eran judíos y mis padres consideraron que debíamos trasladarnos a un lugar más seguro -añadió haciendo una inflexión con la voz.
- ¿Ellos permanecieron allí? -preguntó él.
- Sí, junto a mi hermano Jan. Durante el último año de Ocupación se escondieron en casas de familiares.
- ¿No regresarás allí con ellos? -inquirió él.
- No. Ahora hay un régimen comunista y mi padre nos ha recomendado que permanezcamos aquí esperando tiempos mejores.
- Pero es difícil vivir tan lejos de ellos y de tu propio país -concluyó Helena con indisimulada tristeza.
Pospuso para otro día contarle la odisea del viaje hasta Francia y él estuvo de acuerdo.

Se vieron todos los días a menudo en la misma cafetería. El estaba convencido de haber encontrado la mujercita que había soñado: sencilla, bella e inocente. Ella recobraba poco a poco la felicidad de su pasado en la aldea checa.

Durante el almuerzo navideño en la casa de los padres de él anunciaron su compromiso de boda. No era la clase de mujer que el señor Naudon había recomendado más de una vez a su único hijo pero semanas atrás había dejado de oponerse. Lo importante era el negocio familiar y se había percatado de que Jacques parecía al fin decidido a asumir nuevas iniciativas.
- Nuestro hijo nos presenta como futura esposa a una inmigrante sin estudios, sin religión, sin familia, sin trabajo, y a ti te parece bien -le reprochó la señora Naudon una vez los jóvenes habían abandonado la casa.
Durante el almuerzo se había mostrado seria, se había contenido para no resultar desagradable.
- Como si nos hubiese presentado a nuestra nueva empleada de hogar -añadió furiosa.
A él le sorprendió el tono de los reproches de su esposa aunque no le eran desconocidos. Le recordaron los primeros años de su propio matrimonio. Ella había aportado una buena dote, él poco más que promesas. Sólo cuando amasó una considerable fortuna convirtiéndose en uno de los mayores constructores del departamento su esposa dejó de reprocharle nada.
- Es tu error si pensabas que ibas a elegir por él -señaló aparentando tranquilidad.
Ella alzó la voz.
- Jacques no se da cuenta de lo que hace...
- Ya no es un niño -interrumpió él, sentado en un sofá del salón con el periódico cerrado entre las manos.
- Como otros jóvenes se ha encaprichado de alguien y eso no puede durar. Otra cosa es elegir para un proyecto de vida pero para eso se necesita madurez y él no la tiene. ¿Porqué no te das cuenta, Díos mío?.
La señora Naudon se alzó del sofá y se encerró en su habitación.
El permaneció pensativo, dándole vueltas al proyecto de Jacques de establecer una sucursal de la constructora más al sur, en la Costa Azul. Algo que él había contemplado tiempo atrás pero que había pospuesto para no contrariar a su mujer y porque, en el fondo, los cambios le asustaban. Había llegado al éxito sin riesgos, con orden y rutina, actuando como un simple empleado de una compañía de seguros. Era escéptico respecto a las decisiones de su hijo pero entendía que debía darle apoyo y mostrarle confianza.

12 Comments:

Blogger olhodopombo said...

Las madres siempre tienem los ojos de lince....

12:20 am  
Blogger El Castor said...

Olho: sí y en los años 50 todavía intervenían mucho en los matrimonios de los hijos.
Saludos.

12:19 pm  
Blogger Carlos Paredes Leví said...

Y ella, la protagonista, no puso ningún reparo a emparentar con colaboracionistas ?

Un saludo, caballero.

2:38 pm  
Blogger El Castor said...

Uuuufff, caballero, se sale usted del texto... jaja

9:19 pm  
Blogger olhodopombo said...

El Castor
los anos 50,,,
los padres e las madre teniam
los arreios en las manos com sus hijos,,,,,

11:35 pm  
Blogger Carlos Paredes Leví said...

Es que no se me ocurría nada, más allá de felicitarlo....

Un saludo, Caballero.

3:28 am  
Blogger El Castor said...

Pues sí, feliz año nuevo a todos.

3:32 pm  
Blogger olhodopombo said...

El Castor,
eu tenho muito sentimento pelos animais e pelas arvores.
Me doi fundo quando vejo alguem matando uma arvore....
salud

10:15 pm  
Blogger olhodopombo said...

Holla,
estoy apreciando
la lectura de el libro:
My Name is Red, do turco Orhan Pamuk

9:48 pm  
Blogger El Castor said...

¡Vaya!. Yo compré hace unos días "Estambul" del mismo autor pero todavía no he empezado a leer. ¿Te está gustando?.
Saludos.

5:55 pm  
Blogger olhodopombo said...

a pequena cidade de Cachoeira foi nos idos 1620 toda fortaleza.hoje apenas resgata a historia.
os canhões na praça são brinquedos para as crianças....

9:14 pm  
Anonymous Anonymous said...

Le preguntò el amigo Carlos porquè ama tanto a los Moishes porque a mì me lo preguntò.
En fin eso de meterse los padres.....
Ahora las cosas son tan diferentes que ya ni sabemos que es lo que realmente quieren nuestros hijos.

9:29 pm  

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