Sunday, November 16, 2008

Un hijo en el Vaticano


"Lo importante no es lo que uno cree sino las razones y las circunstancias que le hacen creerlo" (José Manuel RODRÍGUEZ DELGADO)

Semanas atrás me invitaron a almorzar en su casa. Siempre me ha despertado una cierta curiosidad descubrir los objetos, las plantas y los animales domésticos con los que otros han decidido convivir. Especialmente cuando presiento que me encontraré con objetos antiguos o exóticos. Viejos recuerdos familiares, lienzos, alfombras, porcelanas...Mis anfitriones son ya mayores y ella está últimamente preocupada por la salud de él. No sufre ningún dolor pero cuando anda da la impresión de que va a caerse. El origen está al parecer en un pequeño accidente vascular. Admiro a esta mujer desde que supe que él enviudó prematuramente, quedándose con bastantes hijos aún pequeños, y ella asumió el papel delicado de nueva esposa y madre.

Alguna vez me hablaron del hijo monje, el mayor. Siempre me ha intrigado que alguien pueda renunciar a los placeres de la carne por unas creencias cuyo origen se pierde en la nebulosa de los tiempos y que implica un permanente conflicto con la razón. Ellos no parecen mojigatos, transmiten una cierta bondad, es todo. Recuerdo que en cierta ocasión él me habló con esa complicidad que suelen utilizar los hombres con otros hombres hablando sobre mujeres.

La casa, sin lujos, resulta acogedora. Me llama la atención el largo pasadizo que une el salón que da a la calle con el comedor, repleto de objetos, retratos y cuadros. A continuación una espaciosa cocina y unas escaleras que descienden a un jardín abandonado. Observando retratos en el comedor veo al hijo monje, inconfundible con su espesísima barba. A continuación aparece una joven en actitud mucho más distendida. "Es la bailarina de la familia", me dijo la anfitriona.

Durante la sobremesa en el salón mi anfitrión se hunde en el cómodo sofá, enciende un habano y se sirve un coñac que no es de una marca cualquiera. Es un buen conversador. Le pregunto por el hijo monje y la respuesta es muy jugosa. Cuando el hijo le confesó su deseo de entrar en una orden religiosa el padre le propuso "conocer la vida". Se irían unas semanas a París, fiestas, buenos restaurantes y por supuesto bellas mujeres. El hijo declinó el ofrecimiento, el padre entonces aceptó su decisión y se olvidó de París.

Sostenía Bertrand Russell que "la mayoría cree en Dios porque les han enseñado a creer desde su infancia". Parece evidente y de hecho lo han confirmado muchos otros pensadores después de la célebre conferencia de 1927 de Russell. Este no parecía el caso y yo quería buscar una respuesta. Entonces recordé que Simone de Beauvoir sostenía que hay casos en que a uno se le desmorona el mundo por diversas circunstancias, como una crisis existencial, y que en estas situaciones la fe aparece como un refugio, una tabla de salvación. La pérdida de la madre en la pubertad es una tremenda tragedia. La influencia de los curas del colegio y un ambiente que no era contrario a la religión harían el resto.

Pocos días después me contó alguien que los conoce bien que mi anfitrión era hijo de la alta burguesía industrial de la ciudad. Se permitió muchos caprichos y dilapidó la herencia. El hijo reside en Roma y no es un monje cualquiera. Estuvo en la sala Clementina velando el cuerpo inerte de Karol Wojtyla y participó en la liturgia de su funeral.

6 Comments:

Anonymous maite said...

hacia muchisimo tiempo que no pasaba a verte ,perdi tu direccion y si alguna vez asi por dejarlo caer te preguntaba, siempre me evadias, parece ser que el destino nos unio de alguna manera y por fin sin buscar encontre tu blog , sigues escribiendo como siempre, con madera de narrador y escritor , haciendo participe al lector de tus relatos con todo lujo de detalles, enhorabuena y no cambies

6:05 pm  
Blogger Juan Pablo said...

Maite, es que el Castor se mete en su madriguera sin avisar, pero cuando sale escribe algunos de los mejores post de la blogósfera, como éste.

2:36 pm  
Blogger Carlos Paredes Leví said...

El comentario anterior de JP, me recordó a Pepiño Blanco refiriéndose a Pizarro:

- es un tiburón que salió de la madriguera.

SObre el texto, ya te comentaré, porque es la segunda vez que lo leo y no se me ocurre nada.
Un saludo, caballero.

6:41 pm  
Blogger El Castor said...

Maite, no hay para tanto.

Juampa, tampoco hay para tanto. Por cierto en tu blog no consigo postear.

Caballero, está vez Juampa acertó, los castores construyen madrigueras.

Saludos a los tres.

8:44 pm  
Anonymous ana maria parente said...

Antes los monjes eran monjes o sea recoletos .Tipos que no hablan en la mesa o le gusta la vida enclaustrada.
Ahora los monjes son re modernos.El que a mí me bautizò ,que era benedictino ,era CORREDOR DE CARRERAS AUTOMOVILISTICAS y terminò deshecho en un accidente.

10:07 pm  
Anonymous ana maria parente said...

Los castores construyen todo de tronco y son ingenieros hidràulicos.
En Tierra del Fuego, lugar en que fueron introducidos por la bendita costumbre de los argentinos de importar todo lo de los yankees ,tienen que estar constantemente limpiando los cursos de agua porque estos bichos las detienen.
Se trajeron a la argentina puès en los cincuenta los tapados que usaban las mujeres eran de CASTORET O sea de la piel de estos bichos curtida y tratada.
Luego a las mujeres les pareciò muy ordinaria ,con la facilidad de criar chimchillas que son de piel mucho màs linda.
Ahora son plaga.

10:13 pm  

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