Friday, January 05, 2007

¿Mitómanos?


Llama poderosamente la atención su vestimenta: pantalón negro, camisa blanca, chaleco de las grandes ocasiones y corbata exhuberante, de nudo rizado. Invariablemente siempre así. Y llama la atención su encanto: se esfuerza por resultar simpático, halaga; ternura y una bruma de deseo en la mirada... ¿Quién se resiste a M.? Lo siento, he tratado con él en contadas ocasiones, desconozco la historia azarosa que se adivina detrás. Sólo sé que una conocida común, necesitada de afecto, cuya histeria aumenta a medida que lo hace su peso, cayó en sus redes durante unos días. Sólo unos días porque viven en ciudades muy apartadas y tuvieron pronto que separarse. Afortunadamente para ella. Una vez hablé un poco con él, escuché con interés e incredulidad sus historias, luego le hice una confesión personal para comprobar si era capaz de descender al plano de la sencillez y la verdad pero resultó que no y siguió fabulando sobre su pasado. Me resulta conocida esa telaraña, esa habilidad para despertar compasión, para aparentar interés. Mentiras útiles salpicadas, por hábito o simple diversión, de algunas de inocentes, inútiles, y cómo no de algunas verdades. Espesa red de la que es difícil salir indemne. Por eso esta conocida común tuvo suerte aunque ella probablemente piense lo contrario. "Si estuviera menos obesa..." se estará lamentando. Creo que la salvaron sus propios problemas económicos. En otra situación, el hombre atildado y encantador hubiera sabido muy bien cómo salvar la distancia geográfica.

El señor T. viste traje y corbata mientras nos tomamos un café en una terraza. Le brillan los ojos, el rostro enrojecido... pero, sin preguntarle, confiesa que no toma alcohol. Queda claro que los trabajos ocasionales que le ofrecemos sólo son para él un pasatiempo, un hobby, no necesita el dinero, simplemente le permite viajar que es lo que él siempre ha deseado. Sorprende que ahora, en plena madurez, se haya roto su pasado profesional -no sé qué ocurrió- y acepte un trabajo irregular, peor remunerado y exigente en cuanto a preparación y conocimientos. Sabe que mis preguntas irán encaminadas a valorar su capacidad para afrontar el reto. No debo preocuparme, me muestra montones de hojas con las que se ha documentado, le gusta tratar con gente y mostrarse amable, conoce bien sus armas para compensar la inexperiencia. No debo preocuparme, acaba de empezar pero los clientes lo alaban, le agradecen, incluso lo abrazan... Le llueven ofertas de trabajo por mucho más dinero pero él está agradecido a nosotros por haberle dado la oportunidad. Lógicamente no puede resistir ciertas ofertas, mucho más dinero y apenas responsabilidades, pero nosotros somos especiales para él. Dice que gasta muchísimo durante los viajes, regalos para toda la familia... Me fijo en el reloj aparatoso y lujoso que luce. Confiesa que es una imitación perfecta de la marca tal, lo adquirió en el puerto de Nápoles por unos pocos euros. La sinceridad de la confesión me llama la atención: el original es carísimo, podía haber dicho que se lo había comprado o que se lo habían regalado, así hubiese conseguido una vez más mostrar su pretendida enjundia, bien económica, bien en relaciones y aprecios personales. No debo preocuparme, días más tarde me envía por escrito un mensaje por si me hubiese quedado alguna duda: no sólo conoce bien el lugar de Francia al que pretendemos enviarle sino que además habla francés perfectamente. Me digo que este hombre vive en permanente cuento de la lechera...

No llamo a L.A. porque no tenemos un amigo común del que hablar y dudo que le interese realmente lo que hago yo. El único tema de conversación posible es él. Sus viajes, sus amantes ocasionales, sus amistades importantes, su vasta cultura, sus magníficos salarios... Dos meses en América, en otoño dos o tres más, luego Europa del Este, lo mucho que se divierte en Colombia, la facilidad con la que se mete a alguien en la cama... No lo llamo porque ya me sé de antemano lo que me va a contar. La vida es bella y la realidad un acordeón o un globo que se va hinchando e hinchando. Ciertamente hay viajes, hay salarios, hay amantes, pero hasta cierto punto. Resulta agradable conversar con él en una cafetería como solíamos hacer en Praga o en Budapest. Si uno no se muestra incrédulo ante lo que oye él se mantiene sosegado y las palabras fluyen en una atmósfera agradable. Ahora la única opción es oír su voz poderosa al otro lado del auricular pero me resisto. Monótona mitomanía que cansa cada vez más.

Sé que de estos tres personajes sólo M. puede ser hasta cierto punto peligroso. El disocial utiliza magistralmente la mentira para obtener un beneficio personal. Además utiliza toda su seducción, que no es poca, para ir sacando provecho de su víctima. Conozco muy poco al segundo, T., pero tras la cuestión del reloj descarto que sea un mitómano. Diría que es alguien que exagera respecto a sus propias capacidades, que es exageradamente optimista. Aparenta cierta fragilidad, quizá sufra sus depresiones. Es distinto a los otros dos. De todos modos la mitomanía de L.A. diría que no tiene la misma naturaleza que la de M. Diría que miente por vanidad, puramente por vanidad y que, en este sentido, a diferencia de M., es totalmente inocuo.

7 Comments:

Blogger Es un Desastre... said...

Hola Castor, como estas?
Es muy difícil descubrir a un mitómando, me parece a mí. Hablo por mi experiencia personal.
Se me ocurre pensar que, ellos mismos se creen sus propias mentiras. Arman una situación que tienen que sostenerla a cualquier precio, a tal punto que despues les cuesta diferenciar entre la realidad y esa fantasía en la que ellos mismos se sumieron. Definitivamente ellos mismos creen sus propias mentiras.
Cariños.
Laura

6:44 pm  
Blogger Persio said...

personajes extraños de la urbe, uno se los cruza y no siempre los reconoce, a veces hay uno dentro de uno mismo y no lo sabemos, selñores ocultos, buenas letras!
saludos Castor!

10:18 am  
Blogger LuisGui said...

Te sugiero, si me permites la impertinencia, que tengas cuidado con las caricias del camaleón. Créeme: es inocuo; yo vengo de regreso. La mejor de las suertes.
Un abrazo.

6:57 am  
Blogger El Castor said...

Laura, sí, estoy de acuerdo. Algunos llegan a mentir tan bien que parece que se crean sus propias mentiras y, claro, resulta difícil descubrir a individuos así.

Persio, añadiría que hay más individuos así que lo que nos pensamos.

Luisgui, vaya frases misteriosas que has escrito... No sé muy bien a qué te refieres. Sorry.

Saludos cordiales a los tres.

9:30 pm  
Blogger sonia said...

Estoy de acuerdo! hay más de lo que imaginamos... hoy mismo me crucé con varios...

Un abrazo, Castor!

9:22 pm  
Blogger Vicente Moran said...

Uy que miedo encontrarse con aquel personaje. Aún cuando casi todos mentimos al menos dos veces al día, en ocaciones sin siquiera darnos cuenta; cosa distinta es un mitómano, enfermo hasta el tuétano y que varias veces te meten sin preguntar en sus mentiras. Mi novio tiene un sexto sentido para desenmascarar aquello entes. Yo, por otro lado, soy más pavo en dilusidar las intenciones de las personas y siempre opto por ver la bondad y el lado bueno. aunque en el ultimo tiempo he aprendido que aquellas personas no son de nada provechosas...
Saludos y gracias por la visita...

1:54 am  
Blogger El Castor said...

Sonia, me alegra tu visita, más conociendo tu extraordinario blog.

Vicente, desgraciadamente no podemos permitirnos la inocencia, ni tú ni yo ni nadie.

Muchos saludos a ambos.

12:25 am  

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