Friday, September 22, 2006

Un ser muy libre




"We are as deeply afraid to live and to love as we are to die." (RONALD LAING)


Como el pájaro colorado de la "Big Island" A. me pareció un ser muy libre, alguien que decidía y vivía conforme a sus propias leyes. Toda vida es valiosa pero no concedo a todas un mismo valor. Pienso que un hombre vale por el grado de libertad que ha conquistado y por la toma de conciencia de sus responsabilidades hacia sí mismo y hacia los demás. Un hombre es valioso según asuma su libertad y responsabilidad o las niegue.

De todos modos no todo se limita a una elección, determinadas circunstancias nos vienen dadas. Por un azar A. nació en un país que le garantizaba determinados cuidados, una educación, un futuro. Otro azar -esta vez genético- no lo predispuso a la vida convencional a la que estaba predestinado junto al resto de su generación. Hubiese formado una familia, posiblemente hubiese abandonado la aldea manchega por una ciudad donde hubiese ejercido cualquier profesión no relacionada con la estética. Esposa, trabajo, hijos, nietos: es evidente que ese azar le libró de numerosas ataduras. El entorno familiar y social influyeron en sus intereses: un niño que dibujaba sobre una hoja de papel era una manera de permanecer tranquilo, había que estimularle a seguir haciéndolo. Lo importante es nuestra elección pero sólo estamos en condiciones de tomar decisiones cuando somos adultos, cuando el azar, la genética y el entorno ya se nos han impuesto inexorablemente.

Me gustó A. o, mejor dicho, me gustó su forma de insertarse en el mundo. Quizá le pueda reprochar una cierta tendencia a la escenificación pero no lo voy a hacer. Como he contado anteriormente pasé mis apuros en el aeropuerto de Hilo, si en lugar de otro varón se hubiera abrazado y besado con alguien del otro sexo yo no hubiese experimentado ninguna incomodidad. La misma sensación cuando una noche acudimos a un hospital : yo me moría a causa de un simple resfriado, él empezó a tontear con el médico. "¿Se llama usted Cruz? Oh qué bien, como Tom Cruise...". Pero como digo no le reprocho nada. Por un lado el error era mío por conceder a la opinión ajena una importancia exagerada, tal vez por esa excesiva conciencia de mí mismo. Lo que puedan hacer en público un hombre y una mujer lo pueden hacer dos personas del mismo sexo o lo justo es que así fuera, en cualquier lugar y en todos lo casos. Por otro lado si él tenía esa tendencia a la escenificación yo tengo otras y, de hecho, todos tenemos nuestros puntos neuróticos y/o psicóticos.

Hace pocos meses el doctor A.C. me hizo unos comentarios que ponían de relieve la relación de A. con el dinero. "Fíjate -me escribía- se ha empeñado en irse a México para visitar a un dentista. Entre el viaje y la estancia le va a salir más caro que hacerlo aquí en Nueva York". Yo entendí que la visita al dentista era la excusa para viajar, quizá para huir al mismo tiempo del frío de Nueva York. A. pintaba, obtenía algún dinero cuando conseguía vender sus cuadros y entonces se lo gastaba en lo que más quería: viajar. No se permitía ningún capricho caro pero tampoco daba la impresión de echar de menos alguno. Ante el lienzo en blanco pensaba más en lo que iba a plasmar que en el proceso a seguir para venderlo o en el dinero que iba a obtener por él. "Vive al día", sentenció A.C. entre el desdén y la impotencia.

2 Comments:

Anonymous Intrínseca said...

Ojalá aprendieramos a ser así de libres.

6:00 pm  
Blogger El Castor said...

Ojalá nos atreviéramos. Un saludo.

9:43 pm  

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